En 2025 se cumplen 100 años de la publicación de La señora Dalloway, que Michael Cunningham ha descrito como “la novela que dividió el átomo”. En los apuntes que tomaba mientras la escribía, Virginia Woolf señalaba que estaba segura de haber descubierto, a los 40 años, la forma de empezar a decir algo con su propia voz.

Esa voz es hipnótica, lírica, musical y perspicaz, precisa y a veces deliberadamente entrecortada, llena de recovecos y matices. Define un carácter en un gesto o una frase, y posee una capacidad vertiginosa para acceder al interior de personajes centrales y periféricos. La novela tiene una trama escueta: un día de junio de 1922, Clarissa Dalloway, una mujer de clase alta londinense de 51 años, hace unos recados, ve a un viejo pretendiente y celebra una fiesta en casa. Se encuentra con gente, descansa un rato, sufre un desaire. El libro muestra un panorama de Londres, del cambio cultural y urbano, de las secuelas de la Primera Guerra Mundial; contiene una crítica del “sistema social”, con observaciones sobre los roles de hombres y mujeres y su relación con la política. Explora la frustración y las expectativas, el amor y la soledad, la alienación y la conciencia del paso del tiempo.