La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) presentó el martes en la tarde una demanda federal para bloquear el nuevo mapa de distritos electorales aprobado recientemente en Texas y que ha desatado una batalla nacional entre republicanos y demócratas. Dicha organización, la más grande e influyente de Estados Unidos en materia de derechos para los afroamericanos, alega que el rediseño texano diluye el voto de las minorías, fundamentalmente de las personas negras, a quienes “despoja de su poder político”.

El pleito, presentado en la Corte de Distrito de El Paso, exige una orden judicial que impida la aplicación del nuevo mapa en las elecciones de medio mandato del próximo año, puesto que los demandantes consideran que este viola tanto la Constitución como la Ley del Derecho al Voto. La puesta en marcha de los nuevos distritos, una petición expresa del presidente Trump, se espera que se traducirá en hasta cinco escaños adicionales para el Partido Republicano en la Cámara de Representantes. Los republicanos han defendido el plan como una optimización “legal” del rendimiento electoral de su partido.

La NAACP argumenta, en cambio, que no se trata —solo— de un asunto de ventaja partidista, sino de una discriminación racial que minimiza la capacidad electoral de las comunidades negras, y también latinas, para elegir a sus candidatos preferidos. “El Estado de Texas es solo 40% blanco, pero los votantes blancos controlan más del 73% de los escaños en el Congreso”, declaró al respecto el presidente y director ejecutivo de la NAACP, Derrick Johnson. Y añadió que “el intento de Texas de redistribuir distritos a mediados de la década, antes de las elecciones intermedias del próximo año, tiene motivaciones raciales. La intención del Estado es reducir el número de congresistas que representan a las comunidades negras, y eso, en sí mismo, es inconstitucional”.