Con una munición festiva de 120.000 kilos de tomate, Buñol se sumerge un año más en su Tomatina, una de las fiestas españolas más internacionales. EFE/Miguel Ángel Polo
Jordi Ferrer |
Buñol (Valencia) (EFE).- La 78 edición de la tradicional Tomatina de Buñol ha reunido a más de 22.000 combatientes en esta singular guerra a tomatazos, que este año ha servido para espantar, como terapia festiva, las penurias y dramas que sufrió esta localidad tras el paso de la dana del 29 de octubre.
La riada roja y ácida de este último miércoles de agosto, a diferencia de la de hace casi diez meses, ha dejado intactos comercios, viviendas y patrimonio histórico, pero seguro dejará un recuerdo imborrable entre quienes se han asomado por primera vez a esta catarsis colectiva.
Son 120 las toneladas de tomate (no apto para consumo humano y procedente este año de Extremadura) que se convierten en pasta en manos de los asistentes y que sirven para teñir completamente de rojo en pocos minutos las calles y fachadas del centro de Buñol.







