Cada año, la Unión Europea reparte miles de millones en recursos para apoyar la agricultura, la recuperación económica tras la covid-19 o la transición ecológica. Pero buena parte de ese dinero público nunca llega a su destino: funcionarios en Italia, Grecia o Lituania han malversado partidas para desviarlo a redes clientelares, contratos inexistentes u otras tramas de corrupción. A pesar de los esfuerzos de...

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Bruselas por reforzar los mecanismos de control y transparencia, el desvío de fondos sigue siendo un desafío persistente que pone en entredicho la eficacia de las políticas comunitarias.

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