La historia de la cocina se explica también a través de sus objetos: escudillas y cucharas, ollas y trébedes, mazas y morteros. Un recorrido por la historia material de la cultura que nos desvelaría que la cocina está en el origen de la civilización. Cada utensilio es un dechado de ingenio tecnológico que nos ha permitido producir, transformar y conservar los alimentos desde que, en el Neolítico, el hombre se encontró frente a frente con la primera cosecha de grano y tuvo que inventar un mortero.

El paso de la caverna y el nomadismo a la tribu sedentaria que cuida del ganado y las mieses se inició con una primera revolución tecnológica intrínseca al nuevo tipo de alimentos que empezaron a formar parte de la dieta humana de forma recurrente. Los diferentes tipos de gramíneas, semillas y frutos, especias y minerales como la sal necesitaban un procesamiento previo para hacerlas digeribles. La agricultura desencadenó, pues, un pensamiento complejo cuyo fin no era otro que garantizar alimento suficiente para la supervivencia de aquellas primeras comunidades que acabarían conformando las grandes civilizaciones de la Antigüedad.

Este salto en la evolución del hombre dependió de su capacidad para crear y diseñar objetos aparentemente sencillos, toscos y rupestres, pero de una gran eficacia. Quien haya visto triturar mijo o trigo en Etiopía y moler en México la harina de maíz para las tortillas en un metate prehispánico (el mismo instrumento, por cierto, con el que se molieron los primeros granos de cacao) entenderá en ese momento el valor del pan cuando no existen ni molinos, ni norias ni hornos. Y observará ese instrumento de su alacena que cuenta ya con casi 40.000 años de antigüedad con otros ojos.