Alien empezó como la pequeña película que pudo ser. Había grandes naves, diseños alienígenas imposibles y un universo por descubrir, pero en realidad la obra de Ridley Scott no dejaba de ser una historia de terror confinado donde lo único que importaba era la supervivencia de sus pocos personajes. Incluso si el director quería confeccionar su Star Wars, su película era otra cosa. Fue James Cameron en la secuela quien comenzó a erigir sobre la mitología del alien y a proyectar la franquicia como una saga interminable y un universo de posibilidades. Cuatro décadas después, esta iconografía ha seguido viva en casi una decena de películas, videojuegos, novelas, cómics (en septiembre se publica Aliens vs. Vengadores) y ahora también en una serie de prestigio.
Pero, en realidad, lo mejor de la mayoría de las obras de la saga es que cada una habita en su espacio propio. No hay universos compartidos complicados, ni el espectador necesita deberes para entender la trama. Ese es el mismo objetivo en el que ha trabajado el guionista Noah Hawley para crear la primera ficción televisiva de este mundo: Alien: planeta Tierra, estrenada semanalmente en Disney+. Respeta la estética y códigos de la franquicia, hay homenajes y guiños escondidos a las películas de Scott y Cameron, pero desecha lo que no le interesa para contar su propia historia. ¿Dónde encaja Alien: planeta Tierra en la saga entonces?









