Kilmar Abrego García, el inmigrante salvadoreño cuya deportación errónea de Estados Unidos a su país de origen le convirtió en símbolo de la dura política de expulsiones de Donald Trump, ha sido detenido de nuevo este lunes por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) cuando acudía a una cita en los tribunales de inmigración en Baltimore (Estado de Maryland) sobre su caso. Su abogado, Simon Sandoval-Moshenberg, ha denunciado que Abrego, de 30 años, podría ser expulsado de nuevo, esta vez a Costa Rica o a Uganda.

El inmigrante ha presentado una solicitud para que no sea enviado a ningún país antes de un juicio completo en el que pueda defenderse y, también, antes de determinar si la nación de acogida está dispuesta a aceptarlo.

Kilmar Abrego contaba con una orden judicial que prohibía que fuera deportado a El Salvador, donde podría verse expuesto a represalias pero a donde la Administración estadounidense le expulsó en marzo. El inmigrante formaba parte de un grupo de unas 300 personas, en su mayoría venezolanos, acusados de pertenecer al Tren de Aragua y a otras pandillas violentas. Fueron expulsados invocando la ley de Enemigos Extranjeros, que data del siglo XVIII y que fue concebida para tiempos de guerra. En muchos casos, sin pruebas o con pruebas poco justificadas.