Hace poco más de nueve meses, Donald Trump volvió a ser elegido presidente de Estados Unidos, el primer criptobro en sentarse en el Despacho Oval. Ya había ocupado el cargo, pero en su primer mandato consideraba a las criptomonedas activos sin respaldo ni valor real, y llegó a tildarlas de “estafa”. Pero todo ha cambiado de la mano del idilio del presidente con Silicon Valley, y a medida que el dinero de la industria tocó a su puerta. El mundo cripto es ahora una de las prioridades de la Casa Blanca. Una reserva de bitcoin y otra de activos digitales, nueva legislación, una mayor laxitud en la supervisión... Todo eso ha ayudado a azuzar subidas vertiginosas del precio de estos activos y creado nuevas oportunidades de negocio, también para la familia Trump: los hijos del republicano, Eric y Donad Jr., han entrado de lleno en este mercado, invirtiendo a través de sus empresas y estrechando alianzas con actores relevantes del ecosistema.

La fama de Eric Trump como nuevo criptobro se ha consolidado tras las elecciones de EE UU. En marzo, entró en la junta directiva de asesores de Metaplanet, la Strategy japonesa, y la séptima empresa que más bitcoins atesora a nivel global, para impulsar la acumulación de la criptomoneda. También posee una participación en American Bitcoin, una compañía minera de criptos que cofundó en marzo y donde ocupa el cargo de director de estrategia. La empresa se fusionó recientemente con Gryphon Digital Mining y, tras esta operación, se unirá al Nasdaq, mientras mueve su mirada hacia firmas cotizadas en Japón con el mismo objetivo: comprarlas para acumular bitcoin.