La tercera ciudad de Colombia sufre el asedio de Iván Mordisco, un reciclado señor de la guerra, dado por muerto en más de una ocasión, que se niega a entregar los fusiles. Néstor Gregorio Vera Fernández, su nombre real, encabeza a las estructuras agrupadas en el autodenominado Estado Mayor Central (EMC), el mayor grupo de disidencias de la extinta guerrilla de las FARC, que esta semana lanzó un ataque con cilindros bomba contra una base aérea que dejó seis muertos y más de 70 heridos en Cali.
Mordisco es un “traqueto vestido de revolucionario”, según lo ha definido el presidente Gustavo Petro con el coloquialismo colombiano para referirse a los narcotraficantes. “Lo sucedido en Cali nos muestra el paso de las disidencias de Iván Mordisco hacia una acción netamente terrorista”, reaccionó el mandatario ante los ataques del jueves, que consideró crímenes contra la humanidad. El EMC, la Segunda Marquetalia y el Clan del Golfo, escisiones de las FARC y herederos del paramilitarismo, “serán consideradas organizaciones terroristas, perseguibles en cualquier lugar del mundo”, subrayó.
Son tres de los grupos armados con los que su Gobierno abrió mesas de diálogos como parte de la política de paz total. El Estado Mayor Central, en concreto, se sentó a negociar el 8 de octubre de 2023, después de meses de acercamientos. Incluso llegó a acordar un alto al fuego bilateral, pero el grupo que era una frágil federación de frentes acabó por fragmentarse en abril de 2024, cuando más de la mitad de sus hombres se levantaron de la mesa, empujados por el propio Mordisco –la facción minoritaria de alias Calarcá Córdoba sigue sentada–. El proceso había entrado para entonces en su enésima crisis, después de una serie de acciones de los disidentes que incluyeron atentados contra objetivos militares y comunidades indígenas, como el asesinato de la dirigente Carmelina Yule en el departamento del Cauca, vecino de Cali. “La ofensiva contra el EMC en el Cauca es total”, llegó a proclamar Petro en su día.






