Tras su paso por la última Bienal de Venecia, el artista colombiano Daniel Otero Torres (Bogotá, 1985) participa en Terraphilia, exposición del Museo Thyssen-Bornemisza y TBA21 en Madrid, que recorre cinco siglos de creación artística poniendo a la naturaleza, y no al ser humano, en el centro del relato.
¿Cómo dialogan sus obras con el imaginario de la exposición Terraphilia? Las obras de la muestra establecen vínculos entre la tierra y el cosmos. Ese mismo deseo está presente en las mías. Una de ellas, Amigos ancestrales es un ser astral con múltiples brazos en contacto con troncos de madera: un homenaje a quienes se han dejado la vida defendiendo el Amazonas.
¿Cree que el arte puede activar una conciencia ecológica real? Sin duda. El arte tiene la capacidad de generar preguntas, despertar emociones y abrir nuevas formas de ver el mundo. Puede activar percepciones alternativas y, con ello, impulsar cambios reales.
¿Por qué varias de sus obras se titulan Abrazo? Porque hablan del afecto como fuerza transformadora. Cuestionan la polarización y exploran el perdón y la aceptación del otro.
¿Fue la Bienal de Venecia una cumbre en su carrera? Fue un momento importante. Pero si pienso en una cumbre, la imagino como el resultado de toda una trayectoria, no de un solo momento.






