Mi sobrina de 11 años me contaba entusiasmada, hace unos días, su última compra por internet: un rodillo de jade y una máquina de masaje facial para limpiar el cutis. Atónita, le pregunté dónde había visto esos objetos y si sabía para qué servían. Su respuesta fue inmediata: en las redes sociales. Unas redes plagadas de influencers a los que este verano apenas he visto pronunciarse sobre el genocidio en Gaza, pero que dictan con todo detalle a niñas y adolescentes qué deben comprar, cómo vestirse o cómo cuidar su piel. Es innegable que mostrar la parte bonita y superficial de la vida vende, pero la cuestión es qué estamos dejando fuera de foco. Porque mientras se multiplica la publicidad disfrazada de consejo, se oculta el sufrimiento humano que debería escandalizarnos. Y yo me pregunto: ¿qué moral transmitimos a una generación que aprende antes a consumir que a mirar el mundo con espíritu crítico y compasión?
Carla Tena Barreda. Castellón de la Plana
La ONU ha declarado oficialmente la situación de hambruna en la Franja de Gaza. Y no es el resultado de una catástrofe ambiental, sino de una política genocida intencionada del Gobierno de Israel. No parece que los planes de este sean detener el genocidio y respetar la vida de inocentes civiles, más bien lo contrario. Tampoco está en los planes de Israel tomar en consideración lo que diga la ONU, cuyas resoluciones lleva décadas ignorando. Se está cometiendo un execrable crimen contra la humanidad en directo sin que nadie haga nada. El crimen caerá, en la historia, sobre la conciencia de quienes lo están cometiendo, pero también sobre la conciencia de un mundo que vergonzosamente mira para otro lado.






