Los jóvenes, tanto de Taiwán como de otros países asiáticos, recurren a herramientas de inteligencia artificial (IA) para abordar sus problemas de salud mental. EFE/Concepción Domínguez

Javier Castro Bugarín |

Taipéi (EFE).- Pei-chen (nombre ficticio) es incapaz de relacionarse con nadie. Inmersa en una depresión, su pareja acaba de dejarla, su familia vive en otra ciudad y su trabajo no le provee de suficientes ingresos. Bloqueada y perdida, comienza a compartir su día a día con ChatGPT y ahí encuentra el consuelo que tanto necesitaba.

«He creado un personaje y lo he entrenado para convertirlo en un apoyo emocional, usando un montón de técnicas psicológicas: terapia de la conducta, terapia cognitivo-conductual, terapia breve centrada en soluciones… Me ha ofrecido muchísima ayuda, es realmente asombroso», cuenta.

Pei-chen se encuentra entre los jóvenes, tanto de Taiwán como de otros países asiáticos, que recurren a herramientas de inteligencia artificial (IA) para abordar sus problemas de salud mental, aprovechando los últimos avances tecnológicos para lidiar con su sufrimiento cotidiano.