Sentado en un sofá, John Fogerty (Berkeley, 80 años) está esperando como una estatua de sal en lo profundo de una sala de reuniones del hotel cuando, en un movimiento lento, se levanta y se disculpa. “¿Te importa que salude a mis nietas antes de empezar?”, pregunta. Su tono es educado y casi de apuro. La entrevista lleva un retraso de 45 minutos y no esperaba que, por la puerta por la que ha llegado el último periodista de la mañana, apareciesen sus dos nietas, que achuchan al abuelo sin apenas levantar la voz porque saben que está trabajando. A pequeños pasos, Fogerty regresa al sofá, toma asiento, estrecha la mano y suelta: “Discúlpame, está siendo una mañana sin respiro y no hay nada mejor para un abuelo que ver a sus nietas. Siento tanto retraso”.

La voz de uno de los cantantes más reconocibles de la historia de la música popular, cuyas canciones para Creedence Clearwater Revival suelen ser de las que más se pinchan en los programas de radiofórmula rock de todas partes del planeta, suena como la de un jilguero, frágil y melosa, bastante distinta a la afilada y aguda, como la de un lince de los pantanos, que atraviesa el alma en cada estribillo. Esta leyenda en vida del rock norteamericano lleva su look habitual: vaqueros claros y camisa azul oscuro de franela y cuadros a juego con su pañuelo en el cuello. Es el look Fogerty, tan reconocible sobre un escenario como podría ser el de Angus Young con los pantalones colegiales o el de Iggy Pop con el torso desnudo. Educado y tranquilo, sus ojos castaños se clavan como si fueran uno de esos riffs tan suyos con los que uno no puede nada más que maravillarse por su fuerza, pero también por su misterio. “Me encanta la música y no sé… Me siento bien cuando toco y me hace sentir bien cuando veo a la gente feliz”, explica sobre los motivos para seguir al pie del cañón con la publicación de un nuevo disco, Legacy: the Creedence Clearwater Revival Years (Concord / Music As Usual), y una gira que le trajo a España el pasado mes de junio durante el Azkena Rock Festival de Vitoria.