Tras meses de resistencia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha declarado dispuesto a implicarse en las garantías de seguridad para Ucrania, uno de los puntos clave en las conversaciones en torno a un acuerdo de paz con Rusia. Incluso ha precisado que Washington podría participar de algún modo con su fuerza aérea. Pero aún no está claro qué forma tendrán esas garantías que deben asegurar que el país no vuelve a ser agredido en el futuro. Ni tampoco se sabe qué acabará decidiendo Trump, un presidente cuyas bases se oponen a cualquier involucración de EE UU en un conflicto que ven muy lejano. Y menos claro aún está que Rusia vaya a aceptarlas.

El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y los aliados europeos destacaron la oferta de Trump como uno de los grandes avances tras la reunión en Alaska del estadounidense con su homólogo ruso, Vladímir Putin, y en la Casa Blanca el lunes con Zelenski y los europeos. El ucranio subrayó que esas garantías para evitar que Rusia pueda repetir su agresión en el futuro son “un comienzo para poner fin a la guerra”.

“Las preocupaciones de seguridad son algo demasiado importante tanto para Moscú como para Kiev como para que no se dejen claras y se acuerden de manera explícita, de modo que no se acaben convirtiendo en un veneno diplomático”, advierten en un análisis George Beebe, Anatol Lieven y Mark Episkopos, del think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft.