Cuando las llamas le cerraron el paso a Jesús Martín en mitad de la montaña, se preguntó durante un momento por qué estaba allí, a pocos metros de uno de los focos del incendio. Él no es bombero, se dedica a la construcción. No es del pueblo cacereño más cercano al fuego, La Garganta, sino de otro más al sur llamado Baños de Montemayor, también extremeño. Sin embargo, está allí, en mitad de la montaña, donde no existen caminos para llegar y hay que abrirse paso a pisotones entre los arbustos, luchando contra el fuego mano a mano con los bomberos. “Si hoy no ayudamos a La Garganta,
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s-en-extremadura.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2025-08-17/el-incendio-de-jarilla-avanza-desbocado-y-arrasa-ya-11000-hectareas-en-extremadura.html" data-link-track-dtm="">cuando el fuego nos llegue a nosotros, con qué cara les vamos a pedir ayuda”, comenta. Decirlo en voz alta le da valor para atravesar un tramo cercano a las llamas donde la temperatura quema la piel usando la rama de un arbusto como escudo.
La Garganta es el último municipio en la frontera de Cáceres con Salamanca. Sus vecinos llevan nueve días viendo como las llamas que se originaron al sur, en Jarilla, han avanzado más de 30 kilómetros hasta formar una lengua de fuego kilométrica que atraviesa sin control las laderas que hay frente a sus casas. Hasta allí han ido vecinos de municipios cercanos, tanto de Cáceres como de Salamanca, y durante ese tiempo han hecho cortafuegos, movido el ganado a zonas seguras y subido comida a los bomberos que trabajan en el incendio que ya ha arrasado más de 15.600 hectáreas de montaña. Cada uno tiene su propia misión.







