Uno de los clichés más manidos de la comunicación política es que las sociedades, y con ellas sus clases dirigentes, tienden a unirse en los trances más difíciles. Juntos en el dolor. Unidos frente a la barbarie. Puede suceder, aunque ese escenario es cada vez más improbable. La muerte el pasado día 11 del senador y precandidato presidencial colombiano Miguel Uribe Turbay mostró la brecha que parte en dos a la población del país y a sus representantes. El asesinato del político de derechas, que se encuentra bajo investigación, no solo invocó el horror del pasado, sino que abonó el terreno de la división social cuando faltan nueve meses para las elecciones. En el centro de la disputa están el presidente, Gustavo Petro, y el exmandatario Álvaro Uribe, en arresto domiciliario tras haber sido condenado a 12 años por soborno de testigos.
1/2 Miguel Uribe
Sacrificaron el árbol fresco del Jardín de la Democracia.
Dispusieron de la vida de un gran patriota, de quien dedicó su juventud a amar a Colombia. Martirizaron su familia. Eliminaron al gran esposo, al gran padre, al gran hermano, al gran hijo.
Nos quitaron…







