El canon de la belleza femenina ha ido evolucionando en las últimas décadas hacia formas más diversas ―de edades, etnias, cuerpos con más o menos curvas— y ya no está tan unificado alrededor de la delgadez y extrema delgadez. Pese a ello, Zara tuvo que retirar hace unos días unas fotos de su tienda online en el Reino Unido después de una queja de una asociación británica por el aspecto de las modelos a las que consideraban con una “delgadez no saludable”. El problema no era tanto la talla o el peso, sino una representación de la delgadez que no encaja con la apariencia de estar sana, aunque lo esté, ya que la multinacional esgrimió un certificado de salud de la modelo para defenderse.

El dictamen llegó de la Autoridad de Estándares en Publicidad (ASA, en sus siglas en inglés), el organismo británico con más de 60 años de historia encargado de atender quejas y analizar campañas comerciales que puedan atentar contra las reglas elaboradas por el Comité de Prácticas Publicitarias. Desde hace décadas se sabe que las imágenes influyen y mucho en la población más joven y también en sus conductas de alimentación. Un último estudio que lo confirma, es de Autopercepción de la imagen de las mujeres en los nuevos entornos digitales, del Instituto de las Mujeres, presentado en febrero. En él se evidencia que el uso casi universal de las redes sociales —más del 97% de las encuestadas, mujeres entre 18 y 30 años, las utilizan— tiene consecuencias en la imagen que esas jóvenes autoperciben. El 56,7% siente algún grado de presión por ser como las figuras femeninas que ven en redes. El contenido más visto (51,8%) es, precisamente, el que está relacionado con moda, belleza y estilo de vida, y más del 70% de las encuestadas dijo que se identifica con las mujeres que ven en el ámbito digital.