“Adiós, te quiero”, “Cuídate, por favor. No hagas tonterías”. Así se despidieron las mujeres y los niños de sus maridos y padres el jueves, como si fueran a una guerra. El fuego llamaba a las puertas de Castromil y desde la Junta de Castilla y León llegó la orden de desalojar, pero un grupo se quedó a defender su pueblo y, durante 48 horas, lo dieron todo en una batalla que ganaron parcialmente. Extenuados, con hambre y con la cara y las manos negras, lograron que el fuego no tocara las casas, aunque todo lo que quedó a su alrededor es el esqueleto de los árboles y un desolador manto negro de tierra quemada.

Castromil, en Zamora, es un pequeño pueblo de 80 habitantes enclavado en lo profundo de las montañas con un ‘hermano’ Castromil del lado de Ourense, en la frontera con Portugal. Ambos comparten dos señas de identidad. Una alegre y positiva que atrae a visitantes y curiosos y que tiene que ver con el carácter trifronterizo que les permite celebrar una vez al año una romería que pasa por la piedra de los tres reinos, un mojón que históricamente marcaba los límites de los reinos de Galicia, de León y de Portugal. En realidad, la famosa piedra (Penedo dos tres Reinos) es solo una excusa para organizar una fiesta campestre que hermana a los vecinos y siempre termina en comilona, baile y vino.