En una Francia muy polarizada en lo político y donde cualquier asunto se convierte rápidamente en objeto de agitado debate, estos días hay un nuevo tema de división: el aire acondicionado. El país, que vive esta semana su segunda ola de calor del verano, con temperaturas que superan los 42 grados, siempre ha sido reacio a los aparatos de climatización, por el coste energético y por el impacto medioambiental. Sin embargo, los periodos de canícula cada vez más frecuentes están rompiendo estas resistencias.
La muestra de la división que genera se ve estas semanas en la prensa: “Francia está, absurdamente, en contra de la climatización”, titulaba el diario económico Les Echos. Para Atlántico, “los ecologistas han privado a Francia de aire acondicionado”. “El aire acondicionado: una solución individual pero un naufragio colectivo”, apunta el medio local Ouest France. Como Libération, que lo califica “un contrasentido ecológico”.
Francia es de los países peor preparados para olas de calor como las de este verano. Sólo un 25% de hogares tiene un sistema de climatización (contando ventiladores eléctricos) y sólo un 7% tiene un aparato de aire acondicionado. El problema es en las viviendas, pero lo que más preocupa es que hay muy pocos edificios públicos equipados, entre ellos escuelas y hospitales.













