Cuando Raquel Ferrández comenzó Filosofía se dio cuenta, revisando el programa, de que no iba a estudiar a ningún pensador africano, o indio, o chino, nada que no fuera blanco y occidental. “Se me habló de diferentes problemas del mundo: el sujeto, la racionalidad, todo en abstracto…, pero era un provincianismo: lo que faltaba era mundo”, dice la ferrolana, nacida en 1990 y profesora de la UNED, estudiante eterna de sánscrito, en una cafetería en el Rastro de Madrid.
Se decantó por el pensamiento indio, en el que se introdujo a través del sánscrito y el yoga. “Descubrí un mundo fascinante, con otras formas de razonar, de debatir, de entender la imaginación o la vida cotidiana”, explica. Uno de sus objetivos: decolonizar la universidad y reivindicar los estudios de Global Philosophy (filosofía global). Que las otras filosofías no sean una asignatura menor. “Somos una red, mucha gente haciendo estrategias locales, en su ciudad o país, para llevar a los estudiantes otra visión del mundo: necesitamos aire fresco, aquí nos estamos ahogando”. Esa senda de pensamiento la ha llevado a la tecnología y nuestra compleja relación con ella. En su libro Inmortalidad digital. Colonizar el planeta Muerte (Herder) explora los intentos tecnológicos, desde los chats de inteligencia artificial o los avatares hasta la criogenización o el mind uploading (la descarga de la mente en una computadora), para lograr la hiperlongevidad y abolir la muerte. Y qué dice eso de nuestra forma de entender la existencia.






