En el rancho de caballos de Tres Cantos huele a ceniza, metal fundido y carne quemada. Lo primero que se ve al entrar por un camino de tierra son dos coches totalmente siniestrados por un choque frontal. Uno se dirigía al rancho, el otro trataba de huir de él. El primero está calcinado y el metal de su carrocería se ha derretido por completo. Por sus llantas, lo único que se ha salvado, se distingue que es un Mercedes. El otro, un BMW X5, tiene dos golpes en la luna y la puerta trasera está abierta, con restos de sangre en el suelo y en la manilla interior de la puerta. Este lunes fue rescatado allí un hombre por un helicóptero de Emergencias, con quemaduras en el 98% de su cuerpo y problemas respiratorios por inhalación de humo. Tenía 50 años, era el padre del capataz de la yeguada y colaboraba con las tareas de atención de la hípica, ha confirmado el consejero de Medio Ambiente, Carlos Novillo, que ha agregado que su muerte está bajo investigación judicial. Esta mañana, se ha certificado su fallecimiento en el hospital madrileño de La Paz.
El rancho de Tres Cantos era un lugar exclusivo, una suerte de paraíso lejos de la ciudad. Aquellos que podían permitirse tener un caballo de buen pelaje lo guardaban allí, en ese complejo con campo de tierra donde podían practicar hípica o salir a pasear por los caminos cercanos, ahora totalmente carbonizados.








