Todo pasó en apenas dos horas. A las 19:45 de la tarde, a las afueras de Tres Cantos (Madrid), en la zona de ampliación conocida como tercera fase, una de las poquísimas zonas sin construir de la localidad y sin todavía saberse el motivo, se registró un fuego.

Ya había pasado antes en ese mismo lugar, el verano anterior, sin ir más lejos, y parecía fácil apagar una zona de monte bajo donde se acumula la maleza y restos de vegetación de limitado valor medioambiental, pero que terminó siendo la perfecta gasolina para que el fuego se volviera incontrolable.

Dos horas después, cientos de familias de las urbanizaciones como Soto de Viñuelas o Fuente del Fresno eran evacuadas a gritos por la Guardia Civil. “Fuera todo el mundo, todo el mundo fuera de casa. No cojan nada, no hagan maletas, fuera”, decían desde los vehículos. Antes que los agentes, por el chat de vecinos de la urbanización, varios de ellos estaban avisando: “El fuego está muy cerca”.

Sobre las cabezas de todos los tricantinos, el viento se enrarecía. El cielo gris parecía anunciar una gran tormenta propia del día más caluroso del año, pero no caía una gota. El rojo apocalíptico de las llamas se veía desde cualquier punto de la localidad, acercándose al casco urbano. Mientras tanto, el aire movía las llamas de un lado a otro, abriendo frentes nuevos y avanzando a una velocidad endiablada: seis kilómetros en 40 minutos, confirmó después el consejero de Interior y Medioambiente, Carlos Novillo.