Cuando todavía escuece la derrota de la selección femenina en la final de la Eurocopa en Suiza, fulminada en la tanda de penaltis ante un rival que no fue mejor que las españolas en los 120 minutos precedentes, mucho menos a lo largo de un torneo en que la Roja no perdió ni un partido, llega la noticia: la seleccionadora Montse Tomé no renueva. La federación ha decidido sustituirla por Sonia Bermúdez, una magnífica futbolista que todavía tiene que escribir su relato como entrenadora. Su currículo como técnica es tan escaso como lo son los argumentos para defender su nombramiento frente a una seleccionadora que ha ganado una Nations League, que cayó en las semifinales de los Juegos y en la final de la Euro tras desplegar el mejor juego visto en tierras suizas. Por no hablar de que la selección es hoy un bálsamo de aceite en comparación con los tiempos convulsos recientes. La no renovación de la seleccionadora nacional se entiende, pues, en un contexto de normalidad. Nada que ver con su aterrizaje hace dos años en Oliva, a donde convocó a un puñado de jugadoras que estuvieron más cerca de desatar un motín que de ganar un título, como harían solo unos meses más tarde.
Superada esa crisis tremenda, muchas voces certifican hoy que Tomé tenía las horas contadas desde que llegó Reyes Bellver a la dirección deportiva de la federación. La hasta ayer seleccionadora ha mostrado sus costuras en más de una ocasión. Y muy especialmente con su gestión de la salida de Jenni Hermoso, víctima por partida doble en esta historia después del beso que le dio el ya expresidente Luis Rubiales. Pero habría que ver qué hubiera pasado de haber ganado la Eurocopa. Pese a Jenni. Nadie hubiera entendido lo que hoy se entiende, aunque solo a medias. Bellver tiene un proyecto en mente y se la contrató para desarrollarlo. Pero por qué prefiere la federación presidida por Rafael Louzán a Bermúdez antes que a Tomé, avalada por sus resultados, es todavía una incógnita. Lejos de revolucionar al equipo y apostar por ganarlo todo con el mejor grupo que España ha tenido jamás, la RFEF ha sido poco ambiciosa. Bellver ha apostado por la continuidad y el perfil bajo. Y por hacer poco ruido. Puede que el experimento salga bien, pero cuesta asumir que a las campeonas del mundo y subcampeonas de Europa vaya a dirigirlas una entrenadora sin experiencia.








