El humor de Santiago Korovsky (Buenos Aires, 40 años) no es apto para personas que se ofenden con facilidad. En la serie División Palermo, de Netflix, rompe todos los estereotipos posibles sobre las personas con discapacidad o de minorías. También sobre aquellos que pretenden ser gentiles con ellas y actúan “con torpeza”. En División Palermo hay chistes que juegan con los límites de la corrección política. Y también algo de sexo, traiciones, consumo de drogas y mucha sangre. La primera temporada fue un éxito y se llevó en 2024 un Emmy Internacional a la mejor comedia. En el arranque de la segunda temporada, disponible en América Latina y España, Korovsky recibe a EL PAÍS en su piso de Buenos Aires. Dice que “ciertas cuestiones de la agenda woke ya no están de moda” y que por eso la guardia urbana ahora “está armada”.

Pregunta. ¿Cómo nace la idea de División Palermo?

Respuesta. La primera imagen que apareció fue, junto a un grupo de amigos, la de una fuerza de seguridad. Había algo de gracioso porque somos todos cobardes, inseguros, introspectivos, sobre todo yo. Después surgió que en vez de una policía fuese una guardia urbana, estos grupos de prevención que no van armados. Y como hace seis años la palabra inclusión todavía estaba de moda, esa guardia incorporaba una chica en silla de ruedas, un chico de talla baja, una chica trans.