Descubrí a Tove Jansson a través de un biopic. La actriz Alma Pöysti, protagonista también de Fallen Leaves, brilla en este filme, titulado Tove, sobre la fluida sentimentalidad de la artista a cuya imaginación debemos los Mumin, pequeñas criaturas con aspecto de hipopótamo, que pertenecen a la familia de los troles. Tove Jansson es un icono queer y quizá hoy esta etiqueta nos hace regresar a su trabajo como escritora. La hija del escultor es una increíble colección de relatos, escritos para adultos, desde una persistente marca de la infancia: algunas personas se quedarían a vivir dentro la infancia y ese deseo es, a la vez, una maldición y la constatación de un privilegio.

Si en el biopic, firmado por Zaida Bergroth, la sombra del padre, el escultor Viktor Jansson, era alargada, en los relatos la misma sombra sigue siendo alargada, pero también refrescante. En La hija del escultor, la imaginación infantil, como sustancia transformadora y constructora de realidad, confluye con el costumbrismo de la vida en las proximidades del puerto de Helsinki: tanto en lo doméstico como en las reverberaciones mágicas, la figura del padre se alza festiva, imponente, cariñosa, original, respetable, próxima. Irradia amor. Lo imanta.