Avispas, abejas y abejorros forman parte del paisaje estival y son convidados habituales —y no siempre bienvenidos— de piscinas, barbacoas, y paseos o comidas campestres. Estos insectos no solo se sienten atraídos por las flores, sino también por los colores llamativos, el agua estancada, las duchas de piscina y bebida azucaradas. Tanto las avispas como las abejas y los abejorros pueden provocar reacciones alérgicas a través de sus picaduras. Sin embargo, existen diferencias entre ellas: el aguijón de las avispas es liso, con lo que un mismo insecto puede picar varias veces, mientras que el de las abejas es aserrado y permanece clavado en el punto de picadura.
Al clavar su aguijón inyectan un veneno rico en enzimas y otras proteínas que, en la mayoría de casos, produce una reacción tóxica local, más o menos intensa. En una pequeña proporción de los casos, después de una primera picadura, se produce una activación del sistema inmunitario y la producción de anticuerpos específicos, en este caso deinmunoglobulina E (IgE). Cuando esta persona es picada de nuevo por la misma clase de insecto, el veneno interacciona con este anticuerpo específico, desencadenando la liberación de sustancias que causan una reacción alérgica.






