La ocupación militar total de Gaza por Israel tiene luz verde. La orden fue aprobada por el gabinete de seguridad israelí en la madrugada del viernes. Previamente, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, lo anunció en una entrevista en Fox News, es decir, se lo dijo a Donald Trump por televisión. No está claro cuándo dará el ejército los primeros pasos, ni en qué consiste el “control” de Gaza, ni siquiera si el plan se refiere a la ciudad de Gaza o a todo el territorio. El mero anuncio consolida la espantosa realidad de que, 22 meses después de comenzar la operación militar contra Hamás, el futuro a corto plazo de Gaza es el de ser un gueto en el que sus dos millones de habitantes solo esperan, básicamente, su destrucción.

La ONU ha calificado este escenario como “catastrófico”, una palabra sin apenas significado ya en el horror que viven los habitantes de Gaza. Alrededor del 88% del territorio está bajo algún tipo de orden de evacuación y la mayoría de la población se hacina en condiciones infrahumanas en el resto. La ocupación de toda la Franja va contra toda lógica militar, hasta el punto de que el jefe del Ejército de Israel, Eyal Zamir, mostró con vehemencia su oposición al plan. Solo traerá más muerte, más bajas, más sufrimiento humano en un lugar donde han muerto ya 61.000 personas (más las que se encuentran bajo los escombros) y no quedan infraestructuras civiles en pie. Por el lado de Israel, supondrá movilizar a más reservistas, más bajas y con toda probabilidad el fin de la esperanza de recuperar a los 20 rehenes que se calcula que siguen vivos.