El 1 de diciembre de 2006, la revista Science destacaba un avance tímido pero prometedor. “En el futuro, quizás, se podrán usar fármacos para prevenir el cáncer de mama”, vaticinaba el artículo. Casi 20 años después nada de eso ha sucedido. Los “quizás” de las revistas científicas deberían escribirse en mayúsculas. La ciencia avanza despacio y hay muchos obstáculos por el camino: falta de financiación, errores, vías muertas... Pero en este caso, varios expertos añaden un motivo más que ha lastrado esta investigación: los prejuicios morales y el sesgo político.

El fármaco del que hablaba Science se llama mifepristona y es conocido por su uso en el aborto médico. Y esto es un problema. “Da miedo investigarlo y parecer proabortista”, explica la investigadora sueca Kristina Gemzell Danielsson, del Karolinska Institutet, en un intercambio de mensajes. Danielsson es una de las firmantes de un editorial que publica la revista Lancet denunciando esta situación.“Disponemos de datos muy prometedores, pero no se están realizando esfuerzos para seguir explorando”, explica. “Además, el uso de la mifepristona para la investigación es extremadamente caro y los obstáculos normativos son absurdos, probablemente porque se asocia con el aborto inducido”.