Arrancó España tibia en el Martín Carpena, tal vez renqueante tras el inesperado traspié del pasado martes ante la débil Portugal, un combinado que, ajeno a las élites europeas, cayó este mismo jueves ante la unidad B de la selección española. Tardó un cuarto no obstante el primer equipo, el mismo que defenderá título en el próximo Eurobasket (del 27 de agosto al 14 de septiembre), en entonarse, recuperar la energía defensiva y comenzar a dominar los tiempos ante la República Checa, selección que, como Portugal, también había caído esta semana ante la nueva España B dirigida por Jaume Ponsarnau.

A ello contribuyó el acierto exterior de Josep Puerto, inédito ante los lusos, y cómo no, una intensidad colectiva que se ha convertido en el gran denominador común de todos los éxitos de Sergio Scariolo como técnico de La Familia, entre ellos, un Mundial, una plata y un bronce olímpico y los cuatro oros continentales que España tiene en su haber. “Tenemos que jugar juntos y duro”, repite hasta la saciedad el italiano, que a partir de septiembre, justo cuando concluya el Eurobasket, regresará al Real Madrid, banquillo que ya dirigió entre 1999 y 2002.

Engrasando la maquinaria poco a poco, España tomó velocidad de crucero en Málaga a partir del segundo cuarto para, constante y metódica, sin perder el orden, mermar los intentos de Jaromir Bohacik y Vojtech Hruban, principales amenazas ofensivas del combinado checo ante la ausencia de su gran estrella, el azulgrana Tomas Satoransky. Con todo, la ventaja española no alcanzó los dobles dígitos hasta la recta final del tercer cuarto, cuando un Carpena menos ruidoso que de costumbre se puso en pie tras el triple del novato Mario Saint-Supéry, que con 19 años dejará el Unicaja y volará a Estados Unidos para continuar su carrera en la Universidad de Gonzaga.