Fusiles de asalto, subfusiles Uzi, ametralladoras y varias pistolas. Era el armamento con el que contaba un clan familiar almeriense dedicado al tráfico de drogas. Con ellas protegían tanto plantaciones de marihuana, ubicadas en domicilios particulares, como un viejo cortijo aislado que utilizaban como guardería de hachís. “Sabíamos que tenían armas, pero no sospechábamos que fuesen tantas”, ha relatado con sorpresa esta mañana Juan Francisco López, jefe de la brigada provincial de Policía Judicial de la Policía Nacional en Almería. El responsable ha explicado que su equipo ha detenido a cinco de los cabecillas de esta organización criminal y se ha incautado de 740 kilos de maría y más de dos toneladas de fardos de polen, cuyo valor en el mercado supera los cinco millones de euros.

El grupo operaba desde la barriada de El Puche, en la ciudad de Almería. Allí contaba con varias viviendas que estaban destinadas al cultivo de marihuana. Su venta posterior permitía financiar la compra de otras mercancías, como el hachís. Luego lo suministraban a otras organizaciones internacionales dedicadas al tráfico de estupefacientes, a quienes también apoyaban con infraestructura. “En un lado tenían las plantaciones, en otro ocultaban el dinero y en un tercer inmueble guardaban las armas”, ha explicado López durante una rueda de prensa en la que ha ofrecido detalles sobre la denominada Operación Olea, que se suma a dos recientes también muy relevantes en la provincia. Una, la que permitió hace poco más de un mes intervenir 15,3 toneladas de hachís —el mayor alijo localizado este año en España— ocultas entre palés de sandías y batatas plastificadas. Otra, la que en abril sirvió para detener a 25 personas e intervenir 5.700 plantas en Pechina, además de 16 armas de fuego, entre ellas un lanzacohetes y un arsenal con cientos de balas.