Si no puedes derrotarlos, huye y déjales sin quórum. Es la táctica que han adoptado los legisladores estatales demócratas en Texas: marcharse todos a una del Estado para tratar de impedir una reforma del mapa de los distritos electorales texanos. De resultar aprobados, esos cambios propuestos por la mayoría republicana beneficiarían de manera muy desproporcionada al partido gobernante y complicaría mucho los esfuerzos de la oposición para conseguir su gran objetivo en las elecciones de medio mandato el año próximo: recuperar el control de la Cámara de Representantes en Washington.

La reforma propuesta, apenas cuatro años después de la anterior y que cuenta con el respaldo entusiasta del presidente Donald Trump, debía votarse estos días en una sesión legislativa especial, convocada casi exclusivamente para tratar sobre la respuesta a las recientes inundaciones y, sobre todo, esta medida. De salir adelante, el cambio alteraría de modo drástico el dibujo de los distritos electorales de Texas: cinco circunscripciones ahora bajo control demócrata pasarían a contar con una fuerte mayoría republicana.

Es algo que causaría un enorme impacto en la política nacional estadounidense: garantizaría al partido en el Gobierno cinco escaños más en las elecciones de noviembre del año próximo, en las que estarán en juego todos los asientos de la Cámara de Representantes federal (435) y un tercio (33) de los del Senado. En la actualidad, los republicanos controlan la Cámara alta por 53 escaños frente a 47, y la baja por apenas cinco asientos. Los demócratas aspiran a arrebatarles al menos esta última.