Este lunes es uno de esos días que los libaneses querrían que no estuviera marcado en el calendario. Muchos de ellos evitarán poner la radio o abrir los periódicos, donde saben que no les contarán nada gratificante sobre el tema del día en Beirut. Un año más, el aniversario de la mastodóntica explosión del puerto de Beirut, y ya van cinco, reflejará el fracaso y el dolor que persigue a los libaneses cada 4 de agosto. La tragedia, que costó la vida a 218 personas y dejó 7.000 heridos al estallar centenares de toneladas de material explosivo mal almacenado, sigue pendiente de una investigación judicial que no acaba y muchos sospechan que el desastre quedará impune.
En Líbano son excepción los casos en que algún responsable político ha rendido cuentas ante la justicia. A pesar de eso, especialistas legales consultados por este periódico tienen esperanza de que el caso por la explosión del puerto se convierta en el primero en el que el sistema de Líbano consiga impartir justicia. Mencionan como argumentos la insistencia del juez instructor, que retomó el caso tras enfrentarse a obstrucciones políticas, y la formación de un nuevo Gobierno. El pasado jueves, el Parlamento aprobó una ley de independencia judicial que los expertos definen como ”un paso en la buena dirección”.










