“Socialmente iguales, humanamente diferentes, libres totalmente”. A la sombra de un mural de una mujer con el puño en alto y rodeada de esas palabras, entrena en el barrio madrileño de Lavapiés la selección española de fútbol calle. La integran personas que viven o vivieron en la calle, algunas por días y otras, por años. Hacen rondós, practican tiros al arco, trabajan el recibimiento del balón bajo presión “¡Ey!; toca; ¡vamos, al balón!; ¡Buena, qué golazo!”, se escucha constantemente. Son unas 20 personas que forman parte del proyecto de fútbol calle Dragones de Lavapiés. Ocho de ellas han sido seleccionadas para viajar a Oslo a representar a España en la Copa Mundial de Fútbol Calle (Homeless World Cup), entre el 23 y el 30 de agosto. “Vamos a traer la copa del mundo a Lavapiés”, dice uno, Ricardo Torres (Madrid, 37 años), empapado de sudor.

Hace tres años que Torres intercambia camas entre albergues, parques, cajeros e iglesias. En una pausa del entrenamiento, toma agua y cuenta que juega fútbol desde niño. Siempre le ha gustado “organizar el juego, dar los pases, buscar los huecos; la visión de juego”. En el campo es de los que más suda y grita, de los que más exige. Disputa cada balón como si fuera el último.