En Torrevieja (Alicante) hay más casas vacías que personas viviendo durante todo el año. De los 122.000 inmuebles que hay levantados, solo 36.000 están categorizados como residencia habitual, ya sea en propiedad o en alquiler. En Noja (Cantabria), solo uno de cada diez hogares está ocupado permanentemente. Y en Oropesa del Mar y Peñíscola (ambos en Castellón), el 80% de las viviendas son segundas residencias o apartamentos turísticos. Son cifras que dibujan un paisaje fantasmal en muchos municipios, donde el bullicio estival contrasta con la calma que se impone el resto del año.

A la lista se suman Benicàssim (Castellón), Santa Pola (Alicante) y Castelló d’Empúries (Girona); además de Chipiona (Cádiz), Salou (Tarragona), Punta Umbría (Huelva), Andratx (Baleares) o Llanes (Asturias), por citar algunos ejemplos a lo largo de todo el litoral. Son decenas de localidades costeras donde entre el 50% y el 90% de las casas no tienen a nadie empadronado, pero que se llenan en verano.

La radiografía la ofrece el Consejo General de Economistas en sus fichas socioeconómicas, actualizadas recientemente con datos del INE. El instituto estadístico considera como vivienda principal aquella que está ocupada permanentemente, mientras que en el apartado de no principales incluye un maremágnum de posibilidades: desde segundas residencias a viviendas abandonadas, pasando por las que tienen un uso esporádico como el turístico. Para este análisis solo se han escogido los municipios con más de 10.000 inmuebles, de cara a evitar el sesgo que provocarían los pequeños pueblos de la España vaciada, numerosos y con muchas casas abandonadas.