Al vetar el uso de dinero en efectivo durante sus seis meses de duración, la Expo Osaka Kansai 2025 marca un hito en las ferias universales y lleva a cabo un experimento sin precedentes en un país proclive a terremotos y tsunamis y acostumbrado a guardar en casa, junto a las provisiones, el casco y la linterna, una razonable cantidad en billetes de 10.000 yenes (algo más de 57 euros).

Desde el 13 de abril, más de 180 pabellones de países, organizaciones internacionales y empresas, exhiben ciencia, tecnología, cultura, costumbres y gastronomía para miles de visitantes. Si se cumplen las previsiones de asistencia, hasta el 13 de octubre unos 28 millones de personas habrán comprado un peluche de la mascota de la Expo, una cerveza artesanal o habrán pagado en el de España el ya famoso menú de “17+2 tapas y pinchos” con dinero electrónico.

El anuncio de que la Expo de Osaka sería cashless (sin billetes) y que asumiría “el desafío de acelerar la transición de Japón hacia una sociedad sin dinero en efectivo” produjo gran revuelo en un archipiélago situado en la intersección de cuatro placas tectónicas considerada como una de las zonas con más actividad sísmica del mundo. Los cortes de electricidad, como el ocurrido en la península de Noto el 1 de enero de 2024, tras un devastador terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter, son un recordatorio del riesgo de depender de la banca virtual, de cajeros automáticos, de aplicaciones financieras o de cualquier otro sistema de pago que funcione con electricidad.