El principal coordinador de emergencias del condado de Kerr (Texas) rompió su silencio este jueves en una audiencia extraordinaria en un centro de convenciones a pocos metros del mismo río Guadalupe que en la madrugada del 4 de julio se desbordó en cuestión de horas, arrasó con todo lo que tenía enfrente y dejó tras de sí un saldo de 136 muertos. Ante un panel de legisladores estatales que visitaba la zona devastada para buscar respuestas sobre lo que sucedió y una sala llena de residentes locales, que también testificaron, William Thomas admitió por primera vez que estaba enfermo y dormido cuando las lluvias intensas comenzaron a dibujar el panorama de la tragedia futura. Tras semanas de acusaciones cruzadas y especulaciones, y a pesar de que oficialmente la sesión solo ha sido indagatoria, la audiencia ha producido los primeros chivos expiatorios con nombres y apellidos.

Desde las horas que siguieron a las catastróficas inundaciones, la frustración de la comunidad y los senadores texanos se había concentrado en la falta de respuestas sobre por qué no se emitieron alertas locales adicionales a las del Servicio Meteorológico Nacimiento (NWS, por sus siglas en inglés). Pero también en por qué no estaba claro cuál había sido el paradero exacto de Thomas, el funcionario más importante en estas situaciones, en las horas críticas.