Además de su creciente uso profesional —ya sea para coordinar operaciones de emergencia, vigilar el tráfico o realizar inspecciones técnicas—, los drones se han convertido en un pasatiempo cada vez más popular. Y es que no hace falta ser piloto ni invertir una gran suma de dinero para experimentar la emoción de manejar un dispositivo que surca el cielo bajo nuestro control.
Así, en el ámbito personal, los drones baratos permiten descubrir, a pequeña escala, la sensación de volar: despegar, maniobrar y contemplar desde el aire el mundo que nos rodea. Muchos de estos modelos incorporan cámaras que graban vídeos y toman fotografías, lo que añade un plus de creatividad y de diversión a esta experiencia.
He establecido un presupuesto económico que no supere los 100 euros, un rango accesible para la mayoría de los bolsillos y perfecto para quienes están empezando en el mundo del pilotaje de drones. Los he probado durante varios días en un espacio abierto, alejado de viviendas, en mi lugar de residencia (Villanueva de la Cañada, Madrid) acompañado de un par de amigos con experiencia en este tipo de dispositivos, quienes me han sido de gran ayuda.
Los he valorado teniendo en cuenta los siguientes aspectos clave:






