Este jueves fue el último día de trabajo de los 42 empleados del estudio de videojuegos madrileño Secret 6. Los 28 trabajadores de otro estudio, Aheartfulofgames, se enfrentan a su cierre, como ha sucedido, en los últimos meses, con varias empresas más. También el jueves los trabajadores de la sede barcelonesa de la multimillonaria King (la compañía detrás de Candy Crush) se manifestaban tras saber que sufrirán más de 50 despidos. Lo que pasa con estos estudios de videojuegos españoles es solo un reflejo de un movimiento global: en 2023 hubo en el mundo más de 10.500 despidos en el sector del videojuego, y en 2024 la cifra superó los 14.000. En lo que llevamos de 2025 ya son varios miles. Sin embargo, la paradoja está servida: ¿cómo es posible que la industria cultural que más dinero mueve (273.000 millones de dólares en 2024 —unos 240.000 millones de euros— y con proyecciones de superar los 426.000 millones en 2029) viva, de forma paralela, un infierno de despidos, mala gestión y reconversión? ¿Qué es lo que está fallando en el mundo de los videojuegos?
“La industria está en lo que eufemísticamente se llama una corrección”, dice Antonio José Planells de la Maza, profesor del TecnoCampus de la Universidad Pompeu Fabra y experto en videojuegos. “Se ha pinchado cierta burbuja que estaba establecida desde la pandemia”. Planells explica esa inflación: “Con el covid se disparó el consumo de juegos en casa y eso generó una perspectiva inversora muy entusiasta: entró mucha gente a meter dinero y disparó la oferta a la espera de que la demanda siguiera”. Pero la demanda no ha seguido creciendo: tras el crecimiento acelerado durante el confinamiento se ha estabilizado, dejando a muchas compañías con estructuras sobredimensionadas. A eso se suma una saturación del mercado, donde cada vez más títulos de costes millonarios no logran sobresalir ni recuperar la inversión.






