El Gobierno de Donald Trump redobla su apuesta contra Brasil. Los sufridos intentos negociadores del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se encontraron con un portazo antes incluso de que terminara el plazo del 1 de agosto. La Casa Blanca no esperó más y confirmó este miércoles que el gigante sudamericano estará expuesto a unos aranceles del 50%, de los más altos del mundo.
La Casa Blanca vinculó el castigo a “las recientes políticas, prácticas y acciones por parte del Gobierno de Brasil que constituyen una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional, la política exterior y la economía de Estados Unidos”. La orden ejecutiva, si bien es muy dura, excluye del castigo tarifario de los aviones civiles fabricados por Embraer, una de las empresas más emblemáticas de la industria nacional brasileña. Las acciones de la compañía subían más del 7% en la bolsa de São Paulo apenas conocida la noticia. También quedaron exceptuados del 50% de arancel productos como el silicio, el estaño, la pulpa de madera, los metales preciosos y los fertilizantes.
El castigo dejó las cuestiones comerciales de lado —Estados Unidos tiene superávit con Brasil desde hace años— y se centró en las políticas: la supuesta persecución de las autoridades brasileñas contra el expresidente Jair Bolsonaro, procesado por un presunto intento de golpe de Estado. El juez del Tribunal Supremo que lo sentó en el banquillo, Alexandre de Moraes, se enfrentará a más sanciones y a un bloqueo económico casi total en Estados Unidos.














