Los mares que rodean la península de Kamchatka esconden dos de las fosas marinas más profundas y largas que hay en el planeta. Son la expresión orográfica de la tectónica de placas que está detrás del potente terremoto que acaba de suceder allí, este miércoles en el extremo este de Rusia. Una misión científica ha descubierto ahora que también albergan los ecosistemas más profundos de la Tierra. Los resultados de una treintena de inmersiones con un sumergible, publicados este miércoles en Nature, muestran cómo varios seres vivos complejos viven en un entorno rico en metano y sulfuro de hidrógeno, pobre en oxígeno y, por supuesto, al que no llega ni un rayo de luz.

Frente a Kamchatka, mar adentro, se encuentra la fosa Kuril-Kamchatka, una sima de 2.100 kilómetros de longitud que viene desde el sur, desde Japón. Formando casi un ángulo de 45º, se encuentra con la parte occidental de la fosa de las Aleutianas, que viene de Alaska, formando una fisura en la tierra de otros 2.900 km. Aquí se hallan varias de las zonas más profundas del globo después del abismo de la Sirena, en la fosa de las Marianas.

Su origen está en que en esta región se produce el encuentro de hasta seis placas tectónicas distintas. La fosa Kuril-Kamchatka, por ejemplo, es el resultado del hundimiento de la placa del Pacífico con la de Ojotsk y bajo la presión por el norte de la placa norteamericana. Esa subducción estaría detrás del seísmo de magnitud 8,8 de este mismo miércoles. Esta dinámica crea agujeros en la corteza terrestre que llegan hasta los 9.578 metros. Ahí abajo, sin luz ni oxígeno, no se esperaría vida, pero han descubierto que la hay; y muy compleja, abundante y diversa.