Una ducha de agua fría. Buscar el lado más fresco de la cama. Bajar las persianas y abrir las ventanas cuando está más fresco. Tomar agua. Acercar el ventilador y ponerlo en distintas posiciones. Son opciones e inventos para refrescar el cuerpo, y la habitación, e intentar conciliar el sueño durante las altas temperaturas nocturnas de las últimas semanas. El mes de junio ha sido el más cálido desde que hay registro, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet); y durante ese mes y julio, el promedio de las temperaturas mínimas para todo el país ha estado por encima de lo normal.

El calor hace que se duerma menos y peor. Lo dice Ainhoa Álvarez, presidenta de la Sociedad Española de Sueño. El momento en que peor se pasa, asegura, es al intentar conciliar el sueño. Los humanos necesitan ausencia de luz y un descenso en la temperatura corporal para poder dormir, dos factores que en verano se complican.

La temperatura óptima para dormir, según la especialista, varía entre los 18 y 22 grados. Aunque esta próxima semana España tendrá una tregua del calor extremo, las olas de calor son cada vez más frecuentes. Y durante algunos días de la primera quincena de julio se llegaron a registrar temperaturas de 31 grados a las 23:00 horas en Madrid y Granada, y de 33 grados en Jaén y Toledo, específicamente el día 16.