En política, el sitio también es el mensaje. De ahí que no sorprende que Junts per Catalunya haya escogido la población francesa de Prats-de-Molló, a sólo cinco kilómetros de la frontera española, para celebrar este domingo su quinto aniversario. Su líder, el expresident Carles Puigdemont, ha querido convertir la fiesta en un gran acto de autoestima para el partido. Recordando las dificultades para crearlo —con los líderes del procés en prisión preventiva y él detenido en Alemania—, ha asegurado que “nacía de manera innata para combatir la normalidad”, remarcando así la “anormalidad” que ve en que no se le haya aplicado la ley de amnistía. Una idea que ha enlazado con la advertencia a los socialistas, tanto en Madrid como en Barcelona, de que no piensa alejarse de su planteamiento de condicionar cada votación e ir apretando partido a partido.

En 1926, la población francesa fue el sitio desde el cual el también exjefe del Govern catalán Francesc Macià pretendió la invasión armada de Cataluña e intentar así la independencia. El llamado Complot de Prats fracasó tanto como el intento de secesión en 2017 pero pese al giro copernicano del partido, la dirección de Junts sigue logrando conseguir el equilibrio entre mantener la encendida la llama de un relato procesista cada vez más escuálido y exprimir la vía de la negociación con el Gobierno de Pedro Sánchez.