En esta historia, es difícil empezar por el principio. Porque el principio puede ser, quizá, el final del siglo XVI, con la llegada al mundo de la artista Artemisia Gentileschi, hija de pintor Francesco Gentileschi, amiga de reyes y prohombres, una de las escasas mujeres reconocidas en el mundo de la pintura mundial. Pero el principio también puede ser el final: la exposición desde el pasado 10 de junio de una de sus principales obras, Hércules y Onfalia, en el museo Getty de Los Ángeles, en California, muy lejos de su Italia natal, pero más aún del lugar al que pertenece esta pieza ahora, Beirut.

Porque probablemente ahí esté el origen de esta historia. En Beirut, esa ciudad mediterránea tantas veces maltratada y arrasada, la última en 2020. Hace ahora cinco años, la tarde del martes 4 de agosto, una inmensa explosión, causada por casi 3.000 toneladas de nitrato de amonio, arrasó con todo a su paso. Como el palacio Sursock, una residencia particular con siglo y medio de historia tras cuyas paredes se guardaban importantes grandes obras de arte. Entre ellas, estaba Hércules y Onfalia, en un pobre estado de conservación tras décadas en la residencia, donde no estaba expuesta al público. La explosión la dejó más que tocada: desgarros, trozos de lienzo desaparecidos, suciedad y polvo. Tanto como para que sus dueños dieran un paso adelante: necesitaban ayuda. Y ahí es donde entra, inesperadamente, la remota California.