Chloe Kelly (Londres, 27 años) vuelve, otra vez, al mismo lugar. Tres años después de marcar el gol que dio a Inglaterra su primera Eurocopa en Wembley ante Alemania —ese que quedó grabado en la memoria colectiva mientras agitaba su camiseta—, se encuentra, de nuevo, en la antesala de una final. Otra vez como revulsivo durante todo el torneo. Otra vez como una pieza tan decisiva como necesaria. Kelly no necesita llamar la atención: ya lo hace. Por su cinta blanca en el pelo, por su particular forma de lanzar penaltis, por su carácter a medio camino entre la confianza y la provocación. Y también por lo que ha vivido esta temporada: quedó marginada en el Manchester City, se planteó tomarse un descanso del fútbol, y estuvo cerca de quedarse fuera de la Eurocopa. Pero el Arsenal le devolvió la sonrisa, le dio minutos, una final de Champions y un título. Ahora, en Suiza, ha vuelto a ser imprescindible para Inglaterra, revolucionando partidos, asistiendo, marcando. Si no hubiese pasado por todo eso, quizás Inglaterra, que llega con más dudas que certezas, no estaría en la final contra España.

De los cinco partidos del torneo, Kelly no ha sido titular en ninguno. Ha jugado 169 minutos, pero es la suplente más influyente de la Euro: ha generado ocho ocasiones y ha completado 19 centros, dos de ellos fundamentales contra Suecia. Entró en el minuto 78 con Inglaterra perdiendo 2-0, asistió en los goles de Lucy Bronze y Michelle Agyemang, y mandó el partido a penaltis. Tras tres fallos consecutivos de las inglesas, Kelly lanzó el quinto. Y lo marcó. Esa confianza volvió a ser decisiva para ella, y ella para el equipo. Entró en el 77, poco antes de que Agyemang empatara. En la prórroga, volvió a asumir un —dudoso— penalti. “Estoy confiada”, le dijo a Alex Greenwood después de que Sarina y el staff confiase en que una de ellas dos debía ser la elegida. Lo lanzó, falló, pero convirtió el rechace en un gol en el minuto 119 suficiente para que Inglaterra estuviese otra vez en la final.