Los liberales de Mark Carney se impusieron en las elecciones canadienses del 28 de abril gracias a dos promesas: plantar cara a los embates de Donald Trump y apuntalar la economía del país. Reducir considerablemente la dependencia hacia el mercado estadounidense y mejorar las condiciones para la industria nacional son los ejes primordiales del plan liberal. El Gobierno ha eliminado casi todas las barreras comerciales interprovinciales y ha subrayado que Canadá cuenta con 15 acuerdos de libre comercio con 50 países, además de poner en marcha diversos apoyos para las empresas. Sin embargo, la estrategia contempla al sector energético como la gran palanca de cambio, a través de un espaldarazo que no ha recibido en lustros.
“Es hora de convertir a Canadá en una superpotencia energética, tanto en energías limpias como convencionales”, afirmó Mark Carney en su discurso de victoria electoral. Carney ha señalado que su Gobierno seguirá apoyando los proyectos verdes (eólicas, generación solar, hidroeléctricas), pero también ha tendido la mano a las firmas de hidrocarburos. Se trata de un cambio de tono significativo, ya que durante los años de Justin Trudeau en el poder, la discusión sobre estos proyectos estuvo enfocada principalmente en reglas medioambientales y consultas con comunidades indígenas.






