El fiscal general adjunto de Estados Unidos, Todd Blanche, concluyó este viernes su segundo día de entrevistas con Ghislaine Maxwell, amante, socia y cómplice de los delitos sexuales de Jeffrey Epstein, el millonario pederasta cuya memoria persigue desde hace semanas a Donald Trump.
Maxwell está cumpliendo una condena de 20 años en una cárcel federal de Tallahassee, capital de Florida. Epstein murió en 2019 en su celda, mientras estaba bajo custodia policial en Nueva York y esperaba a ser juzgado. La gestión del Gobierno de Trump de los papeles de ambas causas y la decisión de no difundir la información supuestamente comprometedora de hombres poderosos que estos pudieran contener han desatado una sensacional tormenta política que ha obligado a Trump y a los suyos a toda clase de prestidigitaciones, vanas aún, para distraer la atención del caso.
Y así fue cómo Blanche se reunió dos días seguidos, nueve horas en total, con Maxwell. Se desplazó a Tallahassee para entrevistarse con la única persona con vida que ha sido condenada por la red de tráfico sexual de Epstein, que abusó de centenares de menores con la colaboración de su conseguidora, que, probó el jurado, atraía a las víctimas y en ocasiones participaba en las agresiones. El hecho de que un tan alto cargo del Departamento de Justicia se haya reunido con la presa, una operación que prácticamente carece de precedentes, ha generado dudas sobre lo que pretende la Administración de Trump con ella, así como el interrogante de si esta puede desembocar en un indulto o algún tipo de concesión a Maxwell, cuyo caso está ahora mismo recurrido.
















