La debilidad del dólar se ha convertido en una de las señas de identidad de 2025. Tras un breve repunte a finales de junio, coincidiendo con el aumentos de las tensiones en Oriente Medio, el billete verde ha vuelto a encadenar caídas. Los ataques reiterados a la independencia de la Reserva Federal por parte de la Casa Blanca, el aumento del déficit fiscal y la incertidumbre arancelaria han impedido que la divisa estadounidense levante el vuelo. Pero la situación no parece preocupar a todo el mundo. De hecho, el presidente de EE UU, Donald Trump, la ha celebrado abiertamente, aunque siempre haya defendido todo lo contrario. “Me gusta el dólar fuerte, pero lo cierto es que con uno débil se gana muchísimo más dinero. Cuando tenemos una divisa fuerte suena bien, pero no hay turismo. Ahora no suena tan bien, pero las exportaciones y el turismo se benefician”, ha asegurado. En su viaje a Escocia, el republicano se reunirá el domingo con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para abordar la cuestión arancelaria. El encuentro se produce después de que esta semana se conociera que EE UU y la Unión Europea han alcanzado un principio de acuerdo para aplicar un arancel del 15% a las exportaciones europeas.