La conspiración liderada por el expresidente brasileño Jair Bolsonaro para mantenerse en el poder tras la derrota electoral de 2022 tenía otra ramificación criminal: un plan para asesinar al presidente electo Luiz Inácio Lula da Silva y otras autoridades, según desveló la investigación del intento de golpe de Estado. El jueves por la noche, en los interrogatorios a los acusados de participar en la asonada, un exasesor de Bolsonaro confesó ser el autor de aquel plan. Se trata de un general del Ejército en la reserva, Mario Fernandes, que actuaba como secretario ejecutivo de la Secretaría General de la Presidencia. Pocos días después de la derrota electoral, imprimía el documento con sus planes para llevar a cabo el magnicidio en la impresora de su despacho, en el mismo Palacio del Planalto de Brasilia, la sede del Gobierno.

“Es un archivo digital, no retrata nada más que un pensamiento mío que fue digitalizado; es una compilación de datos, un estudio de situación mío, un análisis de riesgos que hice y que, por costumbre propia, decidí digitalizar”, confesó el militar al ser cuestionado por el plan, llamado “Puñal Verde y Amarillo”, en referencia a los colores de la bandera brasileña. Además de Lula, la idea era asesinar al vicepresidente electo, Geraldo Alckmin, y al juez Alexandre de Moraes, que entonces presidía el Tribunal Superior Electoral, el órgano que vela por el buen funcionamiento de las elecciones y proclama el resultado.