Sirāt, la película de Oliver Laxe, es uno de los fenómenos cinematográficos del año. Una historia que empieza con un padre y un hijo que buscan a su hija y hermana en una rave del desierto marroquí. Nadie tiene ni idea. Una pista, entonces: hacia el sur, en la frontera con Mauritania, hay otra convocatoria. Un grupo de ravers tiene las indicaciones. Así funciona la cosa raver; el arte del rumor, no abandonar nunca el cuerpo colectivo. En el deseo del reencuentro deciden salir tras ellos.
¿En qué medida, la política mostrada en la película de Laxe puede dejar de ser algo marginal, alcanzar a otros ámbitos de movilización? ¿Es algo así extrapolable, deseable, practicable en el contexto que vivimos? ¿En el fascistizante momento actual puede suponer un antídoto para el Estado liberal democrático o solo aceleraría su crisis?
Sirāt vuelca la mirada hacia la periferia de lo político. Algo especialmente interesante ahora que, mientras la izquierda está paralizada viendo crecer la derecha, aún se podría evitar que la ultraderecha llegase al poder. De la periferia que visita Sirāt, más en concreto, podría venir una articulación que, entroncando con el 15-M, componga de manera diferente, a mayor escala, la novedad que estamos esperando.







