Francisco Martínez (Madrid, 50 años), exdiputado del PP y secretario de Estado de Seguridad en la etapa de Jorge Fernández Díaz como ministro del Interior, se encuentra procesado por el caso Kitchen (el espionaje al extesorero popular Luis Bárcenas, por el que le piden 15 años de cárcel) e imputado por la supuesta guerra sucia para destruir políticamente a Podemos. Este mayo, la juez María Tardón lo envió a prisión provisional por su presunta implicación en otra trama de compraventa de datos robados encabezada por el pirata informático José Luis Huertas, alias Alcasec. Más de un mes después de salir de la cárcel, Martínez rompe su silencio para defender que “siempre” actuó conforme a la ley.

Pregunta. Se le imputa crear un blindaje legal y estructural para la trama de Alcasec. ¿Qué trabajos hizo para él?

Respuesta. Todo lo que he hecho, ha sido defenderle como abogado. Empecé cuando era menor de edad y por encargo de su madre. Esa defensa consistió en plantear que había unas clarísimas posibilidades de reinserción, consiguiéndole una formación con la que pudiese mostrar que iba a enderezar su vida, consiguiéndole sus primeras prácticas que después se convirtieron en su primer trabajo... Hablé con muchísima gente, algunos grandes referentes de la ciberseguridad, para que hiciesen mentoring sobre José Luis... Esa fue mi actuación, siempre autorizada por el juez. Es lo que dice la Ley del Menor, y no hacerlo es no defender a un menor. Se consiguió una sentencia que le dejaba en libertad vigilada. Ese camino de reinserción siguió y, en ese contexto, se produce la creación de una empresa con un amigo para alquilar cachimbas a locales. Yo hice el trabajo que se espera de un abogado en mercantil: ayudarles a constituir una empresa. Todo, absolutamente público: se acudió al notario, se inscribió en el registro... Más adelante, en la vía evidente de reinserción y para que tuviese un futuro profesional, se constituye una empresa de ciberseguridad. Pero yo nunca fui socio, ni administrador. Y le propusimos ir a ciertos ámbitos académicos a intercambiar sus experiencias. Y era muy bien recibido.